Mujeres perfectas
“La mujer perfecta no existe Carlos!”, me dijo anoche una amiga haciendo uso de esa costumbre que desarrollamos de llamarnos por nuestros nombres. Si bien soy adepto al cinismo, no se metan con la Mujer Perfecta, que es uno de los pocos rubros en los que puedo considerar que tengo pensamientos románticos.
La vida puede ser vista de dos formas, o bien la Mujer Perfecta no existe, o existe y no es para nosotros.
Para ser sinceros, cualquiera de nosotros puede destronar de su lugar a su Mujer Perfecta sin el menor esfuerzo, sólo se trata de querer hacerlo. Bastará relacionarse con ella un par de meses, compartir cenas y postres, tener discusiones sobre temas varios y dar paseos por plazas y parques. Ningún modelo de perfección resiste a tan rigurosas pruebas del mundo real.
Es por eso que está en nosotros la posibilidad de dejar a las mujeres perfectas existir. O mejor dicho, está en ellas. Ya que es practicamente un requisito para que la consideremos de esa forma, que nos hayan rechazado, que se hayan ido o que se hayan muerto.
También en algunos casos es muy importante ser capaz de resistir la tentación. Habrá situaciones en que dicha mujer se nos acerque, permitiéndonos conocerla tal como es. Tendremos que saber mantener la distancia que siempre hubo, no dejar que se convierta en una mujer real.
No deja de ser noble y romántico el amar completamente a una mujer, sabiendo que existió en nuestro pasado una mujer perfecta. Tal vez es incluso un amor mucho más real.
Llegará el momento, en el que tendré que enfretarme con mi Mujer Perfecta y tendré opciones. No sé si seré tan fuerte como para hacer lo que predico…
